Murió Rubén Rada: cuando el arte se convierte en resistencia frente a los tiempos oscuros

Murió Rubén Rada: cuando el arte se convierte en resistencia frente a los tiempos oscuros

Rubén “El Negro” Rada murió este miércoles 26 de agosto, a los 83 años, en Montevideo, después de permanecer internado durante aproximadamente un mes por una neumonía bilateral y sus complicaciones. Con más de seis décadas de trayectoria, dejó una obra que atravesó el candombe, el rock, el jazz y otros géneros, pero que, sobre todo, construyó una manera profundamente popular de entender la música y la cultura.

Su partida deja una ausencia enorme, pero también una pregunta que Rada convirtió en canción y que hoy adquiere una dimensión todavía más profunda: ¿quién va a cantar cuando la poesía, la alegría y la imaginación empiezan a desaparecer?

El arte como acto de rebeldía

En momentos difíciles, el arte nunca es solamente entretenimiento.

Cuando una sociedad atraviesa crisis económicas, desigualdad, violencia, autoritarismos o desesperanza, crear también puede ser una forma de resistir. Una canción puede decir aquello que muchos no se animan a decir. Una pintura puede incomodar. Un escenario puede convertirse en un lugar donde una comunidad vuelva a encontrarse.

Rada entendió esa potencia desde la música popular. Su obra mezcló raíces afro-uruguayas, candombe, rock y múltiples influencias para construir una identidad propia y profundamente latinoamericana.

Artistas que aparecen cuando los tiempos se oscurecen

La historia está llena de artistas que hicieron del arte una herramienta para atravesar momentos de oscuridad.

No necesariamente porque todos hayan militado una misma causa política, sino porque se negaron a aceptar que la realidad pudiera reducirse al miedo, al silencio o a la uniformidad.

El artista incomoda porque imagina otro mundo posible. Y esa capacidad de imaginar se vuelve especialmente revolucionaria cuando una sociedad comienza a creer que no existen alternativas.

Rada perteneció a esa tradición de artistas que hicieron de su identidad cultural una forma de resistencia. Desde el candombe y la música popular, ayudó a mantener viva una voz que no necesitaba pedir permiso para existir.

“¿Quién va a cantar?” sigue siendo una pregunta política

La canción “Quién va a cantar”, publicada originalmente en el año 2000, planteaba una preocupación que hoy parece sorprendentemente vigente: qué ocurre cuando las personas dejan de tener tiempo para la poesía, cuando el cansancio ocupa todo el espacio y cuando la uniformidad amenaza la diversidad cultural.

La pregunta de Rada no era solamente quién iba a cantar una canción.

Era quién iba a defender la imaginación.

Quién iba a soñar cuando todo empujara a sobrevivir. Quién iba a sostener la música cuando la vida cotidiana se volviera exclusivamente trabajo, consumo y cansancio.

Por eso su obra vuelve a interpelarnos en un presente donde millones de personas viven atravesadas por incertidumbres económicas y sociales.

La cultura como espacio de encuentro

En tiempos de individualismo, el arte todavía tiene la capacidad de reunir.

Una canción puede ser escuchada por miles de personas que jamás se conocerán entre sí y, sin embargo, sentirse parte de algo común. Un tambor de candombe puede transmitir una memoria que viene de generaciones anteriores. Una melodía puede conectar a una persona con su barrio, su infancia, su país o con una historia que creía olvidada.

Ese es uno de los grandes valores de la cultura popular: construye comunidad allí donde otros procesos sociales muchas veces generan aislamiento.

Una vida dedicada a mantener encendida la música

Rada no se retiró de la creación. Hasta sus últimos días continuó trabajando y proyectando nuevos encuentros musicales. Incluso poco antes de su muerte había lanzado un nuevo ciclo vinculado a “¿Quién va a cantar?” y preparaba proyectos junto a otros músicos.

Eso también forma parte de su legado.

La idea de que el arte no tiene edad, de que siempre existe una canción por escribir, un ritmo por descubrir o una generación nueva a la que transmitir una memoria.

Cuando muere un artista, la obra queda hablando

Rubén Rada ya no estará físicamente para cantar, tocar o hacer reír desde un escenario. Pero su música permanece.

Y quizás ahí esté la respuesta más hermosa a aquella pregunta que dejó planteada.

¿Quién va a cantar?

Van a cantar quienes entiendan que la cultura no es un lujo. Quienes sigan creando cuando resulte más fácil callar. Quienes defiendan la poesía cuando todo parezca reducido a números. Quienes encuentren en una canción una forma de abrazar a otros.

Porque frente a los momentos oscuros, el arte no siempre puede cambiar inmediatamente la realidad.

Pero puede hacer algo fundamental: impedir que nos acostumbremos a ella.

Y mientras alguien siga cantando, soñando y creando, todavía habrá una forma de rebeldía.

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