En Salta hay actualmente 46 convocatorias públicas de adopción activas para encontrar familias para niños y adolescentes que esperan una oportunidad de crecer en un entorno familiar. El dato vuelve a poner sobre la mesa una realidad poco visible: mientras muchas personas se inscriben con el deseo de adoptar, la mayoría concentra su disponibilidad en bebés y niños pequeños, dejando con menos posibilidades a quienes tienen más de 5 años, forman parte de grupos de hermanos o atraviesan alguna discapacidad.

Macarena Saravia Zenteno – Tutora pública oficial
Cuando la edad se convierte en una barrera
Uno de los principales desafíos del sistema es la diferencia entre las preferencias de los adultos y las necesidades concretas de los chicos que esperan una familia.

La disponibilidad adoptiva permite establecer un rango de edad y otras características. Según se explicó desde el sistema de protección, gran parte de los postulantes manifiesta disponibilidad para niños de entre 0 y 3 años, o como máximo hasta los 5, generalmente sin grupos de hermanos y sin discapacidad. Cuando esas preferencias no coinciden con las características de un niño que necesita una familia, se vuelve necesario ampliar la búsqueda mediante convocatorias públicas.
La adopción debe pensarse desde el derecho del niño
La discusión obliga a cambiar el enfoque. Adoptar no debería entenderse solamente como la posibilidad de que una persona o pareja cumpla el deseo de formar una familia, sino principalmente como el derecho de un niño a crecer en un ámbito familiar que pueda brindarle cuidado, estabilidad y afecto.
Los niños que llegan a una instancia de adopción atravesaron previamente situaciones de vulnerabilidad que hicieron necesaria la intervención del Estado. Muchos cargan con historias difíciles, pérdidas y rupturas de vínculos, pero eso no determina su futuro.
Los prejuicios también pesan
Existe una idea extendida de que adoptar a un bebé permite «empezar de cero», mientras que un niño más grande o un adolescente llega con una historia previa que puede hacer más difícil la construcción del vínculo.
Pero esa mirada puede terminar invisibilizando justamente a quienes más necesitan una oportunidad.
Un niño de 8, 10 o 12 años también necesita una familia. Un adolescente también necesita adultos que lo acompañen, lo escuchen y le permitan construir un proyecto de vida acompañado.
Una familia no se define por la edad
Ampliar la mirada sobre la adopción también significa entender que no existe una única forma de construir una familia.
En Salta pueden inscribirse como postulantes personas mayores de 25 años, sin que sea requisito estar casadas o en pareja. El proceso incluye evaluaciones y documentación destinada a determinar las condiciones y la disponibilidad de quienes desean adoptar.
La preparación es fundamental, especialmente cuando se trata de niños mayores o grupos de hermanos. No se trata de romantizar la adopción ni de desconocer sus desafíos, sino de acompañar a las familias para que puedan asumir el compromiso de manera responsable.
46 convocatorias que deberían interpelarnos
La existencia de 46 convocatorias activas no puede reducirse a un número. Detrás de cada convocatoria hay un niño o adolescente con una historia, deseos, miedos y la necesidad de sentirse parte de una familia.
La sociedad también tiene una responsabilidad en esta discusión. Ampliar la mirada significa dejar de pensar únicamente en el bebé que imaginamos y comenzar a conocer las realidades de los chicos que hoy están esperando.
Porque la pregunta no debería ser solamente «¿qué niño quiero adoptar?», sino también «¿qué niño necesita una familia y qué puedo hacer para ofrecerle un hogar?».
La adopción comienza verdaderamente cuando el centro de la decisión deja de estar en las expectativas del adulto y pasa a estar en el derecho de cada niño a ser cuidado, querido y acompañado.