La Garganta Poderosa apartó a Nacho Levy: cuando el compromiso con la violencia de género también se pone a prueba puertas adentro

La Garganta Poderosa apartó a Nacho Levy: cuando el compromiso con la violencia de género también se pone a prueba puertas adentro

Las organizaciones construyen su credibilidad no solo por las causas que defienden, sino también por la forma en que responden cuando las violencias aparecen dentro de sus propias filas. Ese fue el desafío que enfrentó La Garganta Poderosa tras las denuncias públicas por violencia psicológica y abuso emocional contra uno de sus principales referentes históricos, Nacho Levy.

Luego de que la psicóloga y escritora Cecilia Ce hiciera pública su experiencia en una relación marcada por el control y la manipulación emocional, y de que otras mujeres compartieran testimonios similares, la organización decidió activar su protocolo de géneros y avanzar con el corrimiento total de Levy de los espacios de conducción.

La decisión representa un mensaje que excede el caso puntual. Durante mucho tiempo, el prestigio, la trayectoria o el poder simbólico de determinados varones funcionaron como escudos frente a denuncias de violencia. En este caso, La Garganta Poderosa resolvió que el recorrido militante de Levy no podía estar por encima de los principios que dice defender.

En el comunicado difundido por la organización, las asambleas remarcaron que su feminismo “no es un discurso, sino una práctica cotidiana” y sostuvieron que lo sucedido resulta incompatible con la conducción política del movimiento. También aclararon que su respuesta no busca alimentar la lógica de la cancelación, sino asumir una responsabilidad colectiva frente a hechos de violencia de género.

El episodio también vuelve a poner sobre la mesa una discusión cada vez más presente: la violencia de género no distingue espacios políticos, organizaciones sociales, ámbitos académicos ni sectores culturales. Pensar que determinados varones quedan exentos de ejercer violencia por su militancia, sus discursos o su compromiso público es una idea que el movimiento feminista viene cuestionando desde hace años.

La violencia psicológica y el abuso emocional suelen dejar menos marcas visibles que otros tipos de violencia, pero pueden tener consecuencias profundas sobre la autonomía, la salud mental y los vínculos de quienes las atraviesan. Por eso, especialistas insisten en que identificar estas conductas, escucharlas y abordarlas con seriedad es parte de la prevención.

Hasta el momento, Nacho Levy no realizó declaraciones públicas sobre las denuncias. Mientras tanto, el proceso abierto por La Garganta Poderosa marca una decisión política que también interpela a otras instituciones: ninguna construcción colectiva está exenta de reproducir prácticas machistas, pero la diferencia radica en qué se hace cuando esas prácticas salen a la luz.

Más allá del desenlace particular, el caso deja una enseñanza que el feminismo viene sosteniendo desde hace años: combatir la violencia de género no consiste únicamente en señalar agresores cuando pertenecen al espacio político contrario. La verdadera coherencia aparece cuando las mismas reglas se aplican hacia adentro, incluso cuando eso implique revisar liderazgos históricos, cuestionar privilegios y asumir costos políticos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *